William Perkin (1838-1907) buscaba un procedimiento para obtener quinina.
No lo logró (su síntesis artificial se logró en 1944), pero, un poco por casualidad, descubrió el primer colorante sintético,
la "malva de Perkin".
Hasta entonces los colorantes procedían de fuentes naturales, por ejemplo, el índigo, que se usa para teñir los tejanos;
pero son colores apagados, de poca variación y que aguantan mal el lavado y la luz.
Este experimento consiste en obtener este tinte por un procedimiento similar al que realizó Perkin en 1856.
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